La novela pastoril en el Quijote

Crítica de los géneros literarios en el Quijote


Quijote I, 11 (Cervantes Project)
Advierten Sevilla y Rey a propósito de la novela pastoril en la creación literaria cervantina que “sobre todo era un género sumamente convencional y artificioso que, a pesar de ello, estaba abierto a la realidad contemporánea. Y aquí se halla una de las claves fundamentales, si no la definitiva. No en vano Cervantes se dedicó a ahondar esa dimensión y trasladó, en buena medida, la bucólica al duro suelo de la realidad” (Sevilla y Rey, 1996: ix).
El camino de la novela pastoril se abre en la literatura española con la traducción en 1547 de la Arcadia (1504) de Sannazaro[1]. Como sabemos, esta obra supone, para la literatura europea de la segunda mitad del siglo XVI, la renovación de la bucólica grecolatina. En su expansiva tradición italiana se inscriben Amintas (1573) de Tasso e Il pastor fido (1590) de Guarini. Uno de los aspectos decisivos será la incorporación de la prosa a la égloga, lo que hará posible la narración bucólica no limitada al verso, por más que sus contenidos, en torno a la vida idílica de pastores, sigan conservando su primitiva pureza. La corriente innovadora de la novela pastoril triunfa definitivamente con el éxito de Los siete libros de La Diana (1559) de Jorge de Montemayor. Con esta obra se inicia en la literatura española la “nueva égloga”, que se ha denominado novela pastoril[2].
Puede afirmarse, en consecuencia, que la novela pastoril encuentra en la Arcadia de Sannazaro su modelo europeo, y en la Diana de Jorge de Montemayor su realización literaria castellana. De acción escasa, la densidad formal de la obra se encuentra vertida en los diversos diálogos y requerimientos de los personajes, cambiantes y variados, al conformar con frecuencia colecciones de relatos y poemas intercalados, en los que los topica sobre la naturaleza desempeñan un papel primordial. Y ha de subrayarse que el bucolismo en la naturaleza pastoril está determinado por la mitología y el paganismo clásicos. De las diferentes continuaciones que siguieron a la Diana de Montemayor pueden señalarse al menos tres principales: la Diana enamorada (1564), de Gaspar Gil Polo, en la que se abandona la tendencia del neoplatonismo amoroso y se acude a un estoicismo racional como medio de resolución de los problemas; la Segunda parte de la Diana de Jorge de Montemayor, de Alonso Pérez, que introduce elementos caballerescos en el relato pastoril; y la titulada El pastor de Fílida (1582), de Luis Gálvez de Montalvo, que introduce la disposición autobiográfica en su estilo narrativo.








Notas

[1] Entre las traducciones de la Arcadia de Sannazaro deben mencionarse las de Blasco de Garay y Diego de Salazar, que realizan la primera al castellano, publicada en 1547, y reimpresa sin grandes alteraciones en 1573, sin adoptar todavía los metros italianos, salvo en un caso muy poco representativo; de la segunda mitad del siglo XVI se conservan, aún manuscritas, tres traducciones de la Arcadia, en la Biblioteca Nacional de Madrid: la de Jerónimo de Urrea (1579), que emplea los tercetos, pero no los esdrújulos, tal como figuran en la obra original; la del Licenciado Viana, que también utiliza los tercetos y ocasionalmente introduce alguna rima esdrújula; y la de Juan Sedeño, que respeta algunos endecasílabos proparoxítonos, aislados, en las églogas VI, VIII, IX y XII (Reyes Cano, 1973).

[2] Entre la bibliografía más reciente sobre novela pastoril, vid. la obra de Dominick Finello (2008), así como sus referencias bibliográficas finales.



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