Ciencia y burocracia de calidad


Personalmente me resulta increíble el poder, estúpidamente intimidatorio, que pueden llegar a alcanzar las solicitudes de sexenios, exigencias de índices de impacto, criterios de calidad, y múltiples monsergas por el estilo, en la forma de algunos colegas de disponer su propio CV.
La liberad que supone investigar científicamente sin que esa estólida sociología de la ciencia, o contextos de descubrimiento, en la terminología de Reichenbach, coaccione está por encima de todo lo demás, a menos que no haya nada nuevo que decir, y todo el CV no sea otra cosa que papelería informática, completamente volátil al contacto con la realidad de la ciencia.
Pero vamos a ver, hombre, ¿de qué tonterías estamos hablando cuando hablamos de índices de calidad o de impacto? Cualquier página porno, cualquier memez televisiva o internáutica, cualquier cosa que se publique en una web de mala muerte, tiene más índice impacto que todo lo que se haya podido publicar jamás en cualquier revista académica o publicación periódica de esas que se saturan desde su portada con pseudocomités científicos, de nombres y apellidos que no han revisado un artículo, porque las susodichas revistas los envían a segundones evaluadores, los cuales acreditan su deuteragonismo aceptando ser el segundo plato, es decir, trabajando de «negros».
El mundo académico es una falsificación del mundo real.
Jesús G. Maestro


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