¿Qué es una novela posmoderna?

Contra la sofística de Hillis Miller


(CC BY 2.0) Abhi - Sin título
Cedo la palabra a Miller, y reproduzco su definición de los rasgos característicos de la novela posmoderna:

¿Cuáles son, entonces, los rasgos característicos de las narraciones posmodernas? Quisiera modificar algo las categorías de Jameson, y enumerar los siguientes rasgos como los más destacados de la narrativa posmoderna: el pastiche, es decir, la mezcla incoherente de estilos de diferentes periodos; la parodia de estilos anteriores; la alusión; la mezcla de géneros; la falta de profundidad; la falta de afecto (o, mejor dicho, un cambio hacia ese tipo particular de afecto irónico llamado cool); el debilitamiento del “narrador omnisciente” o, por decirlo de manera más precisa, el uso del narrador telepático que no emite juicios ni profiere interpretaciones; la discontinuidad, es decir, la narración a través de episodios cortos separados por interrupciones; los cambios temporales “prepósteros” (en el sentido etimológico) por medio de matelepsis, prolepsis o analepsis, flashbacks y flahsforwards; el uso de historias intercaladas, normalmente contadas por uno y otro personaje; cambios o desviaciones bruscos de registro o tono; lo indirecto en tan alto grado que la historia real se cuenta entre bastidores, por así decirlo, por medio de insinuaciones e indirectas, como una historia detrás de la historia; un cierto grado de anti-realismo de alucinación, o “surrealismo”, o lo que se ha llamado más recientemente “realismo mágico”, en el que sucesos “mágicos” imposibles son contados en un estilo directo “realista”; o, expresándolo de otra manera, una forma curiosa de persistencia medio irónica, pero sólo medio irónica, de lo religioso, lo supersticioso, lo mágico, lo sobrenatural; el uso exuberante, hiperbólico de la comedia, la farsa, o los estallidos sociales anárquicos; el uso de un tipo u otro de historia marco que controla, interpreta y, al mismo tiempo, socava irónicamente la historia propiamente dicha; una atención especial a la experiencia de los marginados o desamparados, “los desdichados de la tierra”; una percepción de la comunidad como levantada contra sí misma, en auto sacrificio [sic], o de manera suicida, en lo que Derrida llama un proceso de autodestrucción auto-inmune; un sentido problemático de lo que implica tomar una decisión ética o asumir una responsabilidad ética; una cierta llamada de atención directa o indirecta a los problemas de la ficcionalidad o la virtualidad, esto es, un movimiento de la narración vuelta hacia sí misma para plantear preguntas sobre su modo de existencia y su función social (35-37).

O sea: todo.







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